LAS CÁRCELES Y LOS CONSEJOS DE GUERRA EN EL FERROL, 1936-39
Plácido Carro
Profesor y escritor
El gobierno de la República, desde los primeros momentos de la sublevación, tenía un temor, que era que la principal Base Naval del país cayese en poder de los marinos sublevados. Incluso parece ser que desde el propio gobierno en Madrid se comentó: Es preferible perder todo el Norte, incluida Asturias y Bilbao, antes que perder la estratégica Base Principal de Ferrol.
Los sucesos de Asturias tuvieron una repercusión muy honda entre los componentes de las dotaciones, las cuales cumpliendo y acatando órdenes del Gobierno del país impuso a "sangre y fuego" el orden en Asturias. En mis conversaciones con miembros de las tripulaciones de esos navíos, todos sin excepción, incluido mi abuelo Plácido Carro a la sazón auxiliar de artillería, lo consideró una brutalidad en toda su extensión.
Después de estos trágicos acontecimientos en la propia ciudad departamental, se tejió un cierto malestar, llegándose a producir en octubre del 34 una huelga general, que paraliza la ciudad. El gobierno, en vez de recurrir a las fuerzas de orden público como serían la policía, guardias de asalto, etc., ordena la intervención de tropas de Artillería del Regimiento de Mérida, así como de fuerzas de fusileros de marinería e infantes de marina. Actuando como fuerzas de orden público, disolviendo piquetes, conduciendo tranvías y ordenando la disolución de grupos de personas.
Hay que tener presente un aspecto importante, y fue el error táctico cometido desde el Ministerio de Marina al ordenar el 18 de julio sábado la partida inmediata de tres navíos hacia las costas del Estrecho de Gibraltar con el fin de obligar a abstenerse al General de Francote cruzar el estrecho con las tropas sublevadas en África. Así de esta manera se franquea el transporte de dichas tropas, las más preparadas de todo el ejército. Cumpliendo órdenes parten a las dos y a las siete de la tarde respectivamente los cruceros Libertad y Miguel de Cervantes. Los sublevados, en convivencia con los comandantes de los buques, estaban dispuestos a que no llegasen a su destino. De echo uno de los hijos de los sublevados el almirante don Fernando Moreno, hijo de Francisco y posteriormente nombrado jefe de la Marina Sublevada y vocal en la Junta de Burgos en carta que me envió personalmente a un cuestionario de trece preguntas, me llevó a reconocer que, de no haber salido estos buques, hubiese habido una lucha fraticida en la Base de Ferrol, lo cual conllevaría a un fracaso por parte de los marinos sublevados.
En Galicia esa longa noite de pedra en palabras de Castelao la guerra se inicia el lunes 20 de julio del 36 por la mañana en la Coruña. La sublevación en un primer momento queda semiparalizada por la negativa del general Salcedo al alzarse contra la República; pese a las constantes llamadas telefónicas de Mola y Sanjurjo para que asestase el golpe. Los momentos se suceden con rapidez, y se procede, por un lado, a la detención de los generales Salcedo Molinuelo y Caridad Pita, defensores de la legalidad republicana. Por otro lado, del segundo jefe de la base naval de Ferrol Contralmirante Antonio Azarosa y Gresillón, pieza vital en este entramado maquiavélico del golpe de estado.
Azarosa tenía un papel importante, no olvidemos que de él dependía el tener la pronta disponibilidad del personal de los efectivos humanos, así como el tener la preparación material de los buques en el Arsenal de Ferrol y el «ordenamiento de la movilización de las unidades navales (artículo 20 Capítulo I), referente a las funciones del Contralmirante-Jefe del Arsenal de Ferrol. El triunfo del Alzamiento en la ciudad departamental se venía gestando desde unos meses atrás y se decide el levantamiento en el mismo Arsenal, participan: fuerzas de Infantería de Marina, Compañía de Fusileros de Marinera del Arsenal, Columnas de desembarco de la Escuela de Marinería (en cuya escuela mi abuelo había sido profesor-instructor de marinería ), Fusileros de marinería del Cuartel de Brigadas, así como también la Escuela de Maquinistas, con importantes refuerzos. Los fusileros de marinería iban con la balloneta calada.
La mayoría de los marineros fueron amenazados como lo prueban estas palabras del oficial auxiliar Dionisio Mouriño: "Deseo saber a dónde se nos lleva", respuesta del Capitán de Corbeta Gabriel Antón: "Usted obedezca a su teniente de navío que manda la compañía de fusileros y nada más". Mouriño se rebela ante lo que considera un acto sedicioso y les dice a los marineros : "Muchachos, no obedezcáis, nos llevan engañados".Un factor crucial en cuanto a las fechas que propiciarían un rápido triunfo iba a ser la época de los permisos de verano, pues de unos efectivos de 3.780 hombres aproximadamente, la mitad se hallaba disfrutando del permiso reglamentario y eso era un factor vital; aun así los jefes de la sublevación no las tenían todas consigo. Pues sabían que la marinería, los cabos, los cuerpos auxiliares y una gran parte de los oficiales auxiliares, hacía tiempo que venían observando con cautela la actitud extraña de algunos jefes de la Marina en la principal Base Naval. En mis entrevistas personales con varios cabos y con hijos de marinos que nacieron durante el exilio en Túnez y Orán (Argelia), todos llegaron a la conclusión de que el Alzamiento ya se venía gestando desde hacía tiempo, solo había que esperar el momento oportuno y qué mejor momento que esperar al permiso de verano.
El proceso de depuración represión se empieza a poner en camino a partir del 22 de julio, sofocados los últimos focos de resistencia tras la rendición pactada de respetar la vida de los marinos afines al gobierno de la República. A pesar de haber firmado el acta de rendición por parte del Almirante Núñez Quijano y el comandante Sánchez Ferragut. A la memoria me viene un recuerdo triste y penoso; hace exactamente dos años logré ponerme en contacto con algún hijo del Comandante Ferragut, que vive en un pueblo de los alrededores de Madrid. Al preguntarle su parentesco me contesta:
- Soy su hijo.
- Encantado de conocerlo, ¿sería tan amable de darme una opinión sobre lo acontecido con su padre y sobre la actuación de los hermanos Moreno?
- Mire usted señor, sobre esos señores Moreno prefiero no saber nada, bastante sufrimiento hemos pasado tanto mi madre como los cuatro hermanos, le pido que me perdone, pero ya soy muy mayor y no estoy bien de salud , para mi edad hablar de esto es muy doloroso.
Estas palabras me sobrecogieron y nunca más lo volví a llamar; luego las circunstancias de la vida me pusieron en contacto un año después con una prima del comandante Ferragut, y me dijo estas palabras: «Mire Plácido soy hija, hermana, esposa y madre de marinos, pero le voy a decir esto, siempre fui de derechas de toda la vida, pero le diré que Franco fue un asesino; jamás le perdonaré lo que hizo. Estos comentarios dan una muestra del ensañamiento de los procesos judiciales en Ferrol. Para añadir más ensañamientos nombra Juez Instructor de los sucesos acaecidos para depurar responsabilidades de esos hechos al C. A. Luis de Castro Arizcun, este marino en la reserva desde 1931. Este Almirante va actuar con ensañamiento, una vez que es nombrado Juez Instructor de la causa para averiguar los actos que llevaron a la sublevación por parte de los marinos leales al gobierno republicano en la Base Naval de Ferrol, va a actuar con energía y con manu militari. De este hombre destacar las palabras que en el año 2005 en el geriátrico de Ferrol, una nieta del Almirante Núñez Quijano (jefe de la base de Ferrol el 18 de julio del 36 ) Ana Núñez me relató. "Recuerdo siendo niña , en cierta ocasión vinieron a casa a vernos mis abuelos, yo ese día estaba enferma y mi abuelo estando todos comiendo dijo esta frase: No sé si Castro Arizcun podrá dormir bien por las noches; yo desde luego duermo bien por la noche". Con esta frase, el Almirante Núñez confirmaba el trato inhumano con el que se regocijaba en las causas de los consejos de guerra.
En la primavera de 2005 tuve la ocasión de conocer y tratar a un hombre de gran porte intelectual, D. Juan Luis Pita-Romero en su casa de Ortigueira. Hombre de una gran cultura y formación, hermano que fue del ministro más joven que tuvo la República; Leandro Pita-Romero fue ministro de AA. EE., de Marina y embajador en el Vaticano, e íntimo amigo de Monseñor Pacelli que más tarde sería coronado como Pío XII. Cuando empezó la sublevación militar contra la República, su hermano me contó estas palabras: "Le dice Pacelli a Leandro: Leandro qué vas a hacer, vas a regresar a España?; no lo hagas porque Franco va a prolongar la guerra civil todo lo que pueda para que cuanta más gente muera, tener así más fuerza para obligar a la República a rendirse". El malestar era patente, ya en el verano de 1932 la incertidumbre alcanzaba a mandos subalternos, dándose el caso de llegarse a exteriorizar los problemas a lugares públicos. Así en un informe del 23 de mayo de ese año se informa a Madrid de que: "en el café Suizo de la calle Real de la ciudad se reúnen personal de Marina, especialmente del Cuerpo de Máquinas en donde sostienen acaloradas discusiones". Otro frente se abre en la base de Mahón, con motivo de los sucesos dramáticos del 34 en Asturias, se confina provisionalmente al personal de marinería, cabos y subalternos expedientados por su conducta en su oposición a dichos sucesos no estar de acuerdo con la intervención naval, a ello añadimos otros malestares que arrastra este problema como son el trato vejatorio por parte de algunos mandos con palabras como: "a ver marinerote…..", la mala comida a bordo, las raciones que no se abonan y que van a parar a manos extrañas, el desprecio a los nuevos oficiales auxiliares con apelativos de mal gusto como «oficiales de cartón». Estos acontecimientos van creando cierta intranquilidad entre el mando y los propios penados que alejados de sus familias van minando sus estimas dentro de la propia Marina, así como malestares entre el personal encargado de la vigilancia de sus propios camaradas. En los meses de abril y mayo de 1932 se producen una serie de «mítines y perturbaciones de orden que están creando serios problemas al mando naval en Ferrol, donde por todos los medios se está tratando de alejar la influencia propagandística e informativa en las dotaciones de los buques de la Armada y demás dependencias navales de esta base. A tal efecto con el fin de mitigar y reducir el estado de preocupación entre los cabos y marinería en los buques, el Comandante General de la Escuadra el 26 de abril sugiere a Giral, ministro de Marina, que se hagan a la mar los barcos surtos en la base naval de Ferrol para no coincidir el día 2 de mayo en la ciudad y así evitar la asistencia del personal de marinería a un "mitin comunista" en Serantes (Ferrol), según noticias escuchadas a la marinería. Con tal motivo y ante el acoso político en que se ve inmersa la marinería hace trasladar los buques a Vigo (Pontevedra) para alejarlos del foco perturbador, según el jefe de la escuadra. Mientras tanto en Capitanía, Francisco Moreno y Manuel Vierna Belando coordinan las acciones que se han de llevar a cabo, tejen la cadena golpista secundados entre otros por Salvador Moreno, Luis Vierna Belando, el C. A. Luis de Castro Arizcun, Ángel Suances (curiosamente años más tarde coincidí como profesor con él en un instituto de Ferrol, por cierto buen compañero), Manuel Antón, Guillermo Díaz del Río, etc. Es de destacar en un informe del Almirante Núñez Quijano, cuando en sus memorias íntimas, hace referencia a la amnistía decretada por el gobierno, con este párrafo: "las solicitudes de admisión eran por lo demás curiosas, la mayoría no habían sido expulsados se habían separado por no poder soportar la esclavitud a la que los forzaba el Cuerpo General". Es curioso el que un Almirante reconozca que había un desprecio total hacia el resto de los marinos que no pertenecían a dicho cuerpo de la Armada. Así el 24 de marzo de 1936 en La Gaceta nº 84 se hace público el decreto por el cual se autoriza el reingreso en la Armada a todos aquellos marinos que hayan causado baja por cualquier causa con posterioridad al 31 de diciembre de 1930. Así mismo otro decreto posterior con fecha del 6 de mayo de 1936 (Gaceta nº 127), firmado por el presidente interino de la República Diego Martínez Barrio, le otorga al ministro José Giral poderes para cambiar destino o dejar en situación de disponible forzoso a generales, almirantes, jefes, oficiales y auxiliares de todos los cuerpos de la Armada cuando lo juzgue necesario. La figura del almirante Azarola, hombre de ideas republicanas, moderado y católico, no comulga con la actitud de oposición al régimen republicano por parte de sus compañeros de armas; de hecho así se lo manifestó con estas palabras: "Mi condición de marino y mi juramento al gobierno legalmente constituido me impide sumarme a un acto que considero sedicioso y en consecuencia me considero abstenido del movimiento". Azarola es convocado a una reunión de altos mandos de la Marina, al objeto de tomar una decisión de carácter urgente, que consistiría en tomar la ciudad por los fusileros de marinería, una vez sofocados los actos de los marinos fieles a la República. Para ello los capitanes de navío Manuel Vierna y Francisco Moreno apuran al almirante Núñez Quijano para que se decida a tomar la decisión de declarar el "estado de guerra", pero Núñez ante el cariz que toman estos dos hombres y abrumado por la responsabilidad que pueda contraer entiende que es aconsejable asesorarse de los otros jefes de la Armada. No acude el almirante Azarola, pues al tener conocimiento de lo que se pretende realizar en una llamada telefónica con el almirante jefe de la base Núñez le dice que estas consultas las estima un "acto faccioso" y que los que se prestaron a dichas reuniones deben ser "detenidos". Ante el nuevo rumbo de los acontecimientos Francisco Moreno ordena a Luis Vierna que destituya y detenga a Azarola (confirmación que me notifica el general auditor de la Armada, José Ramón Cervera Pery el día 4-3-2005 en conversación telefónica). Cervera Pery me comentó que Azarola no se sumó al levantamiento, porque desde un primer momento acató el orden del gobierno de la República, por cierto fue un buen marino de ideas republicanas.
En una entrevista concedida por Ana Vierna, hija del entonces capitán de fragata Luis Vierna en su bonita casa de Ortigueira, en la primavera del 2005, me confirmó delante de mi amigo el profesor José Vizoso que los artífices de la sublevación fueron realmente Manuel y Paco Moreno; le pregunté si guardaba algún documento de su padre y me comentó que unas semanas antes de su fallecimiento le dice "Ana vamos a quemar estos papeles". "Mi padre no quería que nadie los tuviese. Así que cogimos los papeles y documentos mi padre y yo, los rompimos en trozos y lo echamos al fuego de la chimenea de casa". Yo le pregunté por qué no los donó al Archivo de la Marina; a lo que me respondió: «es que mi padre no quería que ningún documento o papel saliese de casa".
La improvisación de los centros presidiarios en El Ferrol
Una vez que los sublevados se hicieron con los puntos neurálgicos de la ciudad, su base naval y sus buques de guerra, había que tomar la decisión de improvisar unos presidios para albergar a la gran masa de detenidos. Un dato de interés es que en comparación de número de habitantes con las otras ciudades gallegas, El Ferrol, que por aquel entonces contaba con una población de unos 47.850 habitantes, se llevó la peor parte de la represión. Se comienza a detener a militantes republicanos, gallegistas, socialistas, anarquistas, comunistas, sindicalistas, a personas con vínculos de familiaridad y de amistad con los procesados, a personas que no iban a la Iglesia y, cómo no, a los marinos que se habían opuesto a los sublevados con y sin las armas. Mi abuelo Plácido Carro Serantes a la sazón auxiliar de artillería y fiel defensor de la República, fue detenido durante los primeros días de la sublevación en su propio domicilio en presencia de su mujer e hijo mayor de unos 13 años por una pareja de la guardia civil; este hijo era mi padre, que casualidades de la vida, con los años optaría por ser marino de guerra; cosa que no fue nada del agrado de mi abuelo.
Los detenidos empiezan a ser distribuidos en centros improvisados como cárceles, entre ellas podemos destacar de triste y penoso recuerdo cuarteles, barcos de guerra, prisiones civiles y militares. En un primer momento se va a utilizar una prisión naval de recuerdos fatídicos, la conocida como "La Escollera", esta prisión naval estaba situada dentro del mismo epicentro de la base naval, en concreto en la zona conocida como el Dique. A este presidio en los primeros momentos fueron confinados marinería, tropa, suboficiales, oficiales e incluso paisanos de la ciudad departamental.
Otro centro penitenciario era el conocido como "San Campio" (un antiguo edificio de dos pisos que hoy en día ocupan la Biblioteca y el Museo Naval, por cierto digno de ver, el mejor museo naval que conserva piezas remotas); otro centro fue el Cuartel de Dolores (sede del regimiento de la Infantería de Marina, la más antigua del mundo, heredera de los tercios de Flandes) antaño un antiguo convento. Un centro de tortura fue la antigua piscina de la Escuela de máquinas. En esta piscina se tiraba a los presos, incluidos familiares para que los delatasen, y si intentaban salir de la misma, les daban en las manos con un palo largo en cuyo extremo superior llevaba una punta de hierro afilado). Muchas de estas personas perecieron ahogadas, otros corrieron la cárcel; así transcurrieron aquellas longas noites de pedra.
También se utilizaron navíos de guerra como presidios y buques mercantes con grandes bodegas en su interior, para albergar a los miles de detenidos, sobre todo en los dos primeros meses de guerra. De triste recuerdo, destacamos el Plus Ultra en donde estuvo preso mi abuelo; otros barcos de tristes recuerdos fueron el transporte de guerra Contramaestre Casado y el mercante Genoveva Fierro (aunque este buque en realidad sirvió como transporte de marinos republicanos, que fueron detenidos durante los primeros meses de guerra, para llevarlos detenidos al triste penal de "Cuatro Torres" en San Fernando (Cádiz), en él fue mi abuelo junto con otros marinos de guerra, leales a la República. Iban hacinados como si fuesen animales, la travesía duraba ente dos y tres días con un calor infernal casi sin espacio ni para moverse ni para hacer sus necesidades.
Otro lugar de internamiento fue el Castillo de San Felipe a la entrada de la hermosa ría de Ferrol. Estos presidios navales albergaron el siguiente número de presos, así en el buque Plus Ultra (un viejo carbonero comprado a la marina italiana) albergó desde finales del mes de julio ente los días 26 al 28, hasta octubre de 1936, en el interior de su bodega una media de 450-500 presos en condiciones infrahumanas; sin agua ni comida y con un cubo para hacer sus necesidades. El Genoveva Fierro llegó a albergar a 240 presos. El Contramaestre Casado, en datos obtenidos desde el uno de diciembre, a 175 hombres (Archivo Zona Marítima del Cantábrico).
En las postrimerías de 1937 se constata una reducción con altibajos de entre15 a 441 presos. Para repuntar de nuevo entre los años 1938-39, llegando a alcanzar la cifra de unos 263 presos. Estos altibajos se producen como consecuencia de dos factores: el fusilamiento de muchos de los detenidos, y el traslado de presos al penal de Cádiz. Los ejecutados fueron sacados de los diversos penales navales entre los meses de agosto a octubre, principalmente de la Escollera y del Plus Ultra por orden del Delegado del Gobierno de Orden Público el temido capitán Victorino Suances de triste recuerdo en la ciudad, ya que durante su mandato en tres meses fueron sacados 134 hombres que eran entregados a guardias civiles y milicias falangistas ferrolanas para su posterior "paseo". Este hombre tuvo la sangre fría de hacer fusilar al cura de Monfero por no darle el dinero que los vecinos habían juntado para la fiesta y se lo entregaron al cura como depositario, al pedirle Suances dicha cantidad y negarse a dárselo, mandó ejecutarlo sin más. La autoridad eclesiástica elevó tal protesta que fue cesado y mandado al frente, en vez de ser procesado y condenado, eran los tiempos en que determinados apellidos, sobre todo en la Marina, tenían ciertos privilegios.
Todo se fraguó en la instrucción reservada número 1 firmada por Mola Vidal el 25 de mayo de 1936 y en un escrito dirigido a los futuros jefes del alzamiento, con estas palabras: "Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta, para reducir lo antes posible al enemigo que es fuerte y bien organizado". Y decía Mola: "Sonó la hora al fin del ajuste de cuentas."
En el mes de noviembre de1936 es nombrado un nuevo delegado de orden público, el teniente de caballería Nieto, juez permanente de la octava División de Ferrol y se produce un cese de las ejecuciones sin juicios, los paseos no desaparecen pero van a ser más aislados.
Los auditores de la base naval de Ferrol que llevarán sobre sus hombros las palabras "pena de muerte" fueron: Luciano Conde Pumpido (familiar del actual Fiscal General del Estado, Rendueles, Jesús Carro, de triste recuerdo un tal Cora.
La ciudad de Ferrol y su entorno como Serantes sirvieron como centros neurálgicos de la mayoría de los fusilamientos, incluso en la proporción más que en la propia capital de la provincia; totalizandose 566 ejecuciones, de las cuales 345 fueron consideradas irregulares sin juicio previo y 221 a través de juicios sumarísimos. Esta cantidad el resultado del 80% de los ejecutados acaecidos en todas las aldeas limítrofes con Ferrol, tales como: Cedeira, Ares, Mugardos, Miño, La Capela, Fene, Ortigueira, etc.., así entre estos pueblos y aldeas se totalizó la cantidad de 715. Los lugares frecuentados para los fusilamientos y paseos fueron el cementerio de Canido, el cementerio perteneciente a Ferrol. En dicho cementerio se enterraron en una fosa común, entre otros, al almirante Antonio Azarola y Gresillón y al capitán de navío Sánchez Ferragut. Es la primera vez que en la Marina de Guerra se fusila a un almirante y Ministro de Marina que además son arrojados a una fosa común. Aquí hay que resaltar que La Armada Española perdió toda su dignidad y hasta que el nombre de este ilustre marino no se rehabilite y se le entierre en el Panteón de marinos ilustres en San Fernando (Cádiz), en nuestra marina de guerra quedará esa mancha para la historia. Basta comprender hasta dónde llegaron los sublevados con su golpe cruento. Así describe el Vicealmirante Sir Meter Gretton, durante la guerra civil española, siendo Teniente de Navío y siendo observador del conflicto; esta fue su opinión , cuando se enteró del fusilamiento de Azarola : "Un anglosajón comprenderá muy bien la necesidad de mantenerlos en prisión, pero ejecutarlo parece brutal". El cementerio de Serantes, como me describió la señora Dña. Paquita Picallo, cuando fui a entrevistarla por lo de mi abuelo, me comentaba que solían venir chicos de Falange de edades entre 18-20 años y junto a la Guardia Civil de la Graña embarcaban a los hombres en un camión y dándoles un mono azul les decían que subiesen que los iban a llevar a trabajar a la Constructora Naval, luego era todo mentira los llevaban al cementerio de Serantes y allí delante de fosas ya abiertas los iban fusilando; "una tragedia neniño, aquí en la Graña hubo bastante rencor, fue tremendo".
En las instalaciones de la Marina muchas de las ejecuciones eran llevadas a cabo en el Arsenal Naval en lo que se conoce como la "Punta del Martillo", a muchos de los presos conforme iban bajando de los camiones los alineaban y los fusilaban desde ametralladoras instaladas en camiones. A otros en la galería de tiro, como tiro al blanco. Otros fueron fusilados en Fontelonga en la parte trasera del Tercio Norte; en estos centros se llegan a fusilar 143 personas hasta diciembre de 1939. En el Castillo de San Felipe se ejecutan 71 personas; de los residentes en Ferrol son ejecutados, entre 1936-1939, 226 comprobados documentalmente por el profesor e investigador Xosé Manuel Suárez; de estos ejecutados, 142 son fusilados sin previa sentencia condenatoria.
Los consejos de guerra
De los juicios celebrados en la base naval de Ferrol entre agosto de 1936 hasta el mes de diciembre de 1939, se producen numerosas condenas a la pena capital por fusilamiento. Las condenas afectaban por igual tanto a civiles como a marinos de guerra y del ejército que opusieron una resistencia numantina. Las acusaciones eran de lo más insólito, abarcaban la rebelión, sedición y traición. Durante los primeros meses de guerra en la ciudad de Ferrol, el aparato judicial militar se pone en marcha, iban a dar comienzo las tristes noches de san Bartolomé. Como me describió la esposa del teniente Luis Pubul, secretario del Almirante Azarola: "yo lo que le puedo decir es que todas las noches durante los primeros meses de guerra no podía dormir; el oír los gritos y llantos de esas pobres gentes me estremecía, yo con apenas 20 años y recién casada no podía dar crédito a lo que veía , en cierta ocasión observé a un grupo de hombres que se reía de los fusilamientos: «esta noche pasada, nos hemos cargado a un buen puñado, a ver a cuántos nos cargamos hoy". Yo al oír esas palabras, les llamé de todo en ese momento, ellos se quedaron atónitos". Esta entrevista fue realizada en la casa de la viuda del coronel Pubul, en presencia de su hija y de su yerno en el verano de 2005.
Los nuevos jefes de la Marina para dar legitimidad a su golpe de Estado, lo adornan con la legitimidad de los Consejos de Guerra. Las primeras instrucciones fueron falseadas por los encargados de encausar a todos aquellos que auxiliaron a la rebelión. Caían estos individuos en lo más ultrajante de la justicia. Se saltaron las Instrucciones a tener en cuenta de los tribunales, y los Jueces Instructores actuaron con total falta de respeto a su juramento. Un decreto del ministerio de Marina, por orden del Presidente de la República, respecto a la Jurisdicción de la Marina dicta lo siguiente:
"Para que las sentencias de los Consejos de Guerra se puedan aprobar o recurrir, es indispensable que se hayan dictado con las condiciones esenciales a su validez. Así el Tribunal se constituirá con vocales, que en su número, empleo y condición deberán ajustarse a lo que la ley disponga; así como si a la vista dejan de asistir el señor Fiscal o el procesado, o si se practican diligencias de pruebas que no fuesen declaradas pertinentes o se incurriese en otros vicios de nulidad, que necesariamente afectasen al fallo. La Autoridad Jurisdiccional, a quien corresponda dirigir el procedimiento, se encontrará con el inexcusable deber de declarar nula la vista y por tanto la sentencia".
Esta orden fue dada en Madrid a 24 de junio de 1934, por el Sr. Ministro Togado, Jefe de la Jurisdicción de la Marina, Guillermo García Parreño.
En estos consejos de guerra de la Marina, tanto los Presidentes, Jueces Instructores y en mayor medida los Fiscales pasaron por encima de las leyes de la legalidad de la República en la base naval de Ferrol.
En Ley del 30 de enero del Ministerio de la Guerra, las Cortes decretaron la siguiente Ley:
Artículo340: La Justicia Militar es un sevicio público del Estado y su administración, gratuita. (Aquí muchos tribunales en esos fatídicos meses de instrucciones sumarísimas, una vez el detenido fuera pasado por las armas, se apropian de sus pertenencias como una donación al nuevo Estado, hecho por el reo antes de ser fusilado, así hay ejemplos constatados de: Ferragut, Azarola, Pinzón , etc…; luego los mismos tribunales incurrieron en graves delitos, según las leyes de la República, a las cuales los sublevados concurrían, según conviniese a sus intereses.)
Artículo 343: En los juicios militares se procederá siempre de oficio o en virtud de querella del Ministerio Fiscal, y no se admitirán las acciones privadas. (Como ocurría con ciertos estamentos en los juicios militares celebrados en la Marina de Guerra en Ferrol, pues bastaba con la palabra de un vecino, del cura o párroco que por cierto tenía un gran valor para proceder a encausar a una persona, en Galicia y en particular en Ferrol.)
Artículo 2: Durante la instrucción de las causas, los procesados y sus defensores tendrán los derechos y recursos e intervenciones que se consignen en el Código de Justicia Militar. (En los juicios sumarísimos celebrados en la Base Naval de Ferrol, en los días posteriores al triunfo de los sublevados, por poner un ejemplo al abogado defensor se le daba para preparar sus intervenciones y recursos un día y al día siguiente ya se dictaba la sentencia por lo general de pena de muerte, vulnerando de nuevo la Ley de la República.)
Mando a todos los ciudadanos que coadyuven al cumplimiento de esta Ley, así como a todos los Tribunales y Autoridades para que la hagan cumplir.
Dado en Madrid a 30-1-1935
Niceto Alcalá-Zamora y Torres
En su nombre el Sr. Ministro de la Guerra: Alejandro Lerroux García.
Para finalizar, en los Consejos de Guerra , examinadas más de las tres cuartas partes de los sumarios del período de 1936-39, el profesor e investigador y compañero de la Memoria Histórica Democrática de Ferrol, llegó a la certeza de que en el 78% de las ejecuciones se provocaron un 87% de muertos en los consejos de guerra celebrados en esta ciudad entre julio de 1936 y diciembre de 1939. El profesor Suárez destaca que el segundo semestre de 1936 fue horrible, pues se instruyeron más causas que nunca con una mayor mortalidad en los Consejos de Guerra celebrados por la Marina de Guerra en Ferrol. Cada sumario en la Marina llegaba a producir un promedio de 3,66 ejecuciones; mientras en el Ejército cada causa producía un promedio de 2,45 fusilamientos.
En los 65 sumarios fueron procesados 698 hombres de los cuales 370 eran marinos. Se produjeron 222 fusilamientos, 188 penas de cadena perpetua, 20 penas de 20 años de cárcel, 6 penas de 15 años, 39 penas de12 años y un día (entre estos condenados se encontraba mi abuelo, el Auxiliar de Artillería Plácido Carro Serantes), 12 penas de 10 años de cárcel, 10 penas de 8 años, 4 penas de 6 años,1 pena de 4 años de cárcel, 3 penas de 6 meses y 70 absueltos de cualquier delito contra el nuevo orden. De estos casi 700 procesados, fueron juzgados en Consejos de Guerra 574; el resto fue encausado en rebeldía e incluso algunos vieron sobreseída su causa. De los 574 fue absuelto el 12%, mientras 39 eran ejecutados y un 33% condenado a penas de 30 años, por sentencia directa o por conmutación de la pena capital; el 6% restante a penas de entre 20 años y un día a otras penas de cárcel menores .
Las nuevas fuerzas de ocupación en Ferrol tratan de dar un ejemplo de su actuación, preparando un clima de terror como arma estratégica en los nuevos mandos navales. Y aunque no participan de una forma directa, sí de una forma encubierta, a través de la Falange, Guardia Civil, paisanos, y un gran número de sacerdotes. Los paseos se realizaban en sitios concretos y, un detalle curioso, en espacios abiertos de fácil búsqueda, porque así las ejecuciones mostraban una buena acústica y de alguna manera los sonidos de los disparos producían un terror en la población. Los lugares más comunes eran las tapias de los cementerios, las cercanías de un río, las cunetas de una carretera, y por otro lado cuando interesaba que la víctima no fuese encontrada, los sitios idóneos solían ser las playas y los altos de los montes.
En el caso de los marinos de guerra, muchos de ellos estaban unidos por vínculos familiares y de íntima amistad. Así podíamos ver como muchos de ellos fueron encargándose de instruir los procesos judiciales de familiares y compañeros de armas con sangre fría.
Condiciones de vida en las prisiones
El hacinamiento de las prisiones en Galicia era el pan nuestro de cada día, pues a este factor se añadían otros tales como la falta de higiene, la abundancia de parásitos, el hambre, la violencia de algunos carceleros sobre todo de los encargados de su vigilancia.
El hacinamiento será como una memoria recordada de por vida, presos que dormían en tres filas, es decir, la cabeza cara a la pared de un lado, otros en el medio de los pies de unos. Para sus necesidades les daban unos cubos de latón. El mal olor era constante y aparecían parásitos como chinches, piojos, pulgas, etc.; esto a la larga va a dar un índice importante de morbilidad. La alimentación causaba auténticos problemas pues la mayoría de las veces les daban de comer nabos enteros y mal cocidos, como mucho dos patatas cocidas solo con agua, un chusco de pan que no pasase de 100 gramos diarios. Los que no podían contar con la familia comían hojas de berza de la basura o trozos de tocino. El café era sustituido con agua caliente blanqueada imitando a la leche, a veces comían pescado en malas condiciones, pues los encargados de la compra se dedicaban al estraperlo en el mercado y hacían sus sucios negocios a cuenta de robar al Estado.
Las condiciones médicas eran aberrantes, pues la falta de higiene propiciaba un gran número de enfermedades como la sarna, pediculosis, pulmonías galopantes, bronquitis. Aparece el tifus causando una auténtica pandemia agravada por la falta de medicamentos en las enfermerías. Además, el clima húmedo de Galicia y el frío son condicionantes que favorecieron la mortalidad entre los presos.