EPISTOLARIO CARCELARIO
DE LUIS CALANDRE DE LA CEBOSA
Y SU PADRE LUIS
Cristina Calandre Hoenigsfeld
Economista
INTRODUCCIÓN
Para entender mejor el epistolario carcelario, voy a citar textualmente algunas verdades que, sobre el Campo de Concentracion de san Marcos, escribe magistralmente Victoriano Crémer en su libro titulado Libro de san Marcos.
Trabajó como tiopógrafo para los periódicos de León Proa y Diario de León, en donde comienzan también sus aportaciones periodísticas. Sus ideas y su filiación al partido anarco–sindicalista provocarán su encarcelamiento en el Campo de Concentración de san Marcos en León nada más comenzar la Guerra Civil en julio de 1936. En el libro explica cómo ocurrieron los hechos que le llevaron a esta situación y sus sufrimientos con un lenguaje poético en muchas ocasiones, que le ayuda a enfrentarse a sus tristes recuerdos carcelarios.Crémer no está de acuerdo con la doctrina que aconseja enterrar a los muertos y olvidarlos, para intentar nuevos caminos. Para él, la solución no es esa, sino mejorar la convivencia entre las personas, estableciendo vínculos de afecto y gratitud mutua, evitando situaciones de violencia furiosa como se recogen en su libro. Este lo escribió en 1980 , y como él mismo explica en la introducción, cuando se dieron las condiciones para no pasar otra vez por el riesgo de ser encarcelado, reconociendo que debería haber escrito antes dichas memorias, pues «no quería olvidar a los muertos, ni menos enterrarlos».
He elegido estos párrafos por parecerme que dan una verdadera idea del ambiente que se respiraba en ese campo de concentración, y que asimismo pueden ilustrar las cartas de mi padre, pero el libro autobiográfico de Crémer es mucho más amplio y complejo, y trata de su vida en esos años y de la situación político social de León.
«Así, con el más alucinante de los ejercicios solía empezar nuestra jornada de retenidos: se trataba de sobrevivir, se abría la celda con un furioso rechinamiento de hierros que era como un aviso de dureza , de amenaza. Y los cien acogidos nos disponíamos a luchar. Salíamos atropelladamente porque conocíamos como nadie el valor del tiempo, la enormísima fugacidad del tiempo, la dramática violencia contenida en la más inapreciable partícula de tiempo…..Disponíamos de apenas diez minutos, uno, cinco, diez ¡basta canallas! Seiscientos segundos, cinco, veinte, cien ¡a formar canallas!…Para cruzar el patio hasta la fuente arrebatada desbordante de agua fresca,….pasando la suerte y la muerte !oh poeta! Por el pasillo deslumbrante, formado por los guardianes y por las milicias de los cuartelillos de la Falange y de Acción Popular y del requeté y aun de las milicias cívicas…porque en seiscientos segundos teníamos que lavar nuestro menaje, plato y cuchara, y fregarlos nosotros en la gran fuente circular con recipiente desbordante para abrevadero de caballos, mientras bebíamos hasta que el agua nos salía por los ojos y correr hasta las letrinas, ya inmundas, ya inundadas, cubiertas de mierda, de vomitonas, de sangres y provocar nuestras defecaciones y volver al lugar de concentración…..No todos regresábamos a la celda, ni volvíamos con los mismos cuerpos y almas, que algunos se quedaban definitivamente aplatados contra la mierda de los retretes……En resumidas cuentas, en menos que a los animales se nos consideraba. Fieras canallas, cuya eliminación resultaba necesaria para la salvación de los valores espirituales.»1
«Sobre el territorio delimitado por una manta de munición extendida, yacíamos y hasta dormíamos debidamente, sincronizados los movimientos…!comeos los unos a los otros, nos aconsejaban piadosamente los guardianes, y así tendréis más sitio!... pero salvadas esas extremas cirscustancias y las no menos extremas a que obligaban las indigestiones nocturnas producidas por la puerca y parca colación , a base de mondas de
1 Libro de san Marcos, ed. Nebrija, 1980, pp. 31-33.
patatas entrecocidas que imponía en los descompuestos una alucinante tourné hacia los recipientes previstos para el caso.»2
«Por eso digo que el preso es un ser muy inferior al prisionero, porque se le mata poco a poco, o mejor porque poco a poco se le van arrebatando sus atributos humanos, reduciéndole, envileciéndole, convirtiéndole en un triste animal temeroso, doliente, sin conciencia de sí mismo y todo se concierta
para hacer del preso un instrumento dócil, una materia de fácil manejo y al mismo tiempo, un animal egoísta, agresivo contra el propio medio.»3
«Pienso, digo que no existe zozobra mayor que la de la espera, angustia más viva que la de ignorar cuándo será llegado el momento de la liberación de la interior tortura de esperar…..Volvían del juicio militar los condenados a treinta años de prisión, que es toda una vida, como resucitados, como auténticamente rescatados de la alucinante condena de la espera en el purgatorio, como aquellos que, por no haber ido todavía a juicio, estaban expuestos a soportar los martirios e indignidades durante un tiempo desconocido. Los esperadores de algo que tiene que venir, que está previsto, pero que no aparece, que no se manifiesta, sufren todas las torturas de todos los infiernos imaginados, en cada instante de la espera, en cada apariencia de señal, en cada rumor, en cada golpe de sangre.»4
«Acostumbrado, porque a todo se acostumbra uno, a la degradación de san Marcos, con sus bárbaras torturas, sus estúpidas crueldades, con sus inicuos asesinatos, siempre con el alma en la boca, vomitando alma, respirando sangre…..las duchas en donde se ejercían las más miserables violaciones, los más monstruosos envilecimientos, o con cuartelillo de las milicias, desde donde se practicaba, arrojando por la ventana al patio a las "piezas" humanas las más desenfrenadas cacerías.»5
2 Idem, pp. 99-100.
3
Idem pp. 102-103.4 Idem p. 171.
5 Idem p. 200.
EPISTOLARIO
Entre los años 1936 a 1939, el edificio del antiguo Hospital de san Marcos en León se convirtió en uno de los mayores campos de concentración de España, con una población reclusa de 7000 hombres y 300 mujeres, aproximadamente. Más de un millar fueron fusilados, y enterrados en una fosa común.
Fue en este contexto carcelario donde se desarrolló esta correspondencia epistolar entre mi padre, Luis Calandre Díaz de la Cebosa y mi abuelo, Luis Calandre Ibáñez.
Encontré estas cartas guardadas primorosamente por mi abuelo y conservadas afortunadamente por mi padre, en la casa familiar. Las cartas tienen tanto valor humano, entre un padre y su hijo en una situación límite, como sociológico de las condiciones del Campo de Concentración de san Marcos, en donde los temas que se repiten recurrentemente en las cartas, son referentes a las condiciones higiénicas, de aislamiento, de alimentación,de régimen de visitas, y en todas ellas una esperanza en salir de un lugar, que a pesar de la censura de las cartas, de intuye horroroso. No obstante y gracias a la ayuda de varios buenos amigos, mi padre pudo ser uno de los "afortunados" supervivientes de dicho lugar infernal.
Ni mi padre ni mi abuelo pertenecían a ningún partido político, su único delito fue el mantenerse leal al gobierno legítimo de la República, por lo que tuvieron que pagar un alto precio.
Luis Calandre Díaz de la Cebosa, de 21 años, natural de Madrid, sale de España a finales de 1938, desde Barcelona, y fue como tantos españoles internado en el campo de concentración de Arlegés Sur Mer en el sur de Francia.
Volvió a la España Nacional, presentándose voluntariamente por Irún, el 9 de febrero de 1939, siendo inmediatamente internado en el campo de concentración de san Marcos de León. Posteriormente fue trasladado a la cárcel del Seminario de Ávila y, finalmente, a la prisión de Torrijos en Madrid el 4 de agosto.
Dado que durante la Guerra Civil, fue teniente de la República, estuvo todo ese tiempo de reclusión en una constante incertidumbre a la espera de que se viera su causa, por si tuviera o no juicio. Finalmente fue puesto en libertad condicional en noviembre de 1939. Durante todo ese tiempo no aparecó su sumario. Su ficha en el Registro de la Auditoría General (Castellana 13), dice "Trasladado de Ávila a disposición del Sr. Auditor Jefe de Madrid, sin causa".
Luis Calandre Ibáñez, su padre, discípulo de Ramón y Cajal, médico de la Residencia de Estudiantes, director del laboratorio de Histología, Vicepresidente del Comité Central de la Cruz Roja y primer cardiólogo de España, fue durante la Guerra Civil director del Hospital de Carabineros en los edificios de la Residencia de Estudiantes, en Madrid, estando durante el año 1939, en el cual transcurre el epistolario con su hijo encarcelado, en proceso de depuración, por parte del Colegio de Médicos de Madrid.
Posteriormente tuvo dos consejos de Guerra Sumarísimos acusado de
Auxilio a la Rebelión y varios juicios por el Tribunal de Responsabilidades políticas. Fue condenado a 6 años de cárcel mayor, a no ocupar cargos públicos y a no poder ejercer la medicina (esto durante cinco años). Finalmente salió en libertad condicional.
Por cuestiones prácticas, se ha dividido el Epistolario en dos partes. Una primera, la que ahora se publica, son las cartas desde el campo de concentración de san Marcos y la segunda, desde la cárcel del Seminario en Ávila y desde la cárcel de Torrijos en Madrid. Suman un total de 80 cartas, la mayoría con censura militar. Aquí se publica una selección de dicho epistolario.
PARTE I
SELECCIÓN DE CARTAS DESDE SAN MARCOS EN LEÓN DE LUIS CALANDRE DÍAZ DE LA CEBOSA Y DESDE MADRID DE LUIS CALANDRE IBÁÑEZ
27 de marzo de 1939. Año de la Victoria
Queridísimos padres:
Qué alegría volver a poder poner estos nombres. ¡Cuánto tiempo esperando este momento!
En cuanto me he enterado de la liberación de Madrid, me he puesto a escribiros, aunque aún no sé si se administra correo.
Me supongo que por medio de Paco Martín ya sabéis de mí, en dónde estoy y cómo estoy. El 11 de febrero pasé la frontera y vine directamente a León, al campo de concentración en donde estoy en espera de que se vea mi causa para ver si me juzgan por haber sido oficial y creo que pronto lo sabré.
He conseguido comunicarme con los de Quirós, con Lola Navarro que está en Burgos, con Silvano Rodríguez de Comillas, los de Novales, con los de Montero y con Selgas. De estos tres últimos no he tenido contestación. He pedido avales y Lola Navarro y Silverio me los mandaron, estos mismos me van a girar dinero, y eso que yo tengo algo que cambié por francos.
En cuanto podáis escribirme por correo aéreo para que sepa, antes de todo, si estáis bien y cómo habéis pasado este tiempo atrás.¿Fina está con vosotros?
Muchos besos y abrazos de vuestro hijo Luis.
1 de abril de 1939
Querido hijo:
Aunque tus postales nos producen gran alegría recibirlas, me parece conveniente que no nos escribas más que un par de días a la semana, basta que nos digas si te encuentras bien y si necesitas algo.
Haz lo mismo con los amigos. No les escribas más de lo necesario. Si algo necesitas, pídelo a alguno de nuestros amigos de ahí. Nosotros seguimos bien. Tenemos buenas noticias de la abuela y de mis hermanos. Te abraza con mucho cariño, tu padre.
5 de abril de 1939. Año de la Victoria
Queridos padres:
Sigo sin tener noticias vuestras directamente, aunque supongo estaréis bien, porque ayer un sargento del Campo me vino a ver y me dijo que había tenido carta del hermano de Pilar preguntándole por mí. De vosotros no me dijo nada, pero al tener noticias de Pilar, me hace suponer que estaréis todos bien, dar a ésta las gracias de mi parte y que las trasmita a su hermano por haberse preocupado por mí.
Por aquí tenemos un tiempo muy malo, lo que hace que sea aún mayor mis ganas de salir de aquí y poderme quedar a vuestro lado.
Si me vierais, no me conoceríais porque estoy pelado como el abuelo.
Al resto de la familia no le escribo por ahora por tener que ahorrar en tarjetas, así que lo que yo os cuento se lo decís a ellos si les interesa.
Recuerdos a todos y vosotros también recibid muchos besos y abrazos de vuestro hijo,
Luis.
12 de abril de 1939. Año de la Victoria
Queridos padres:
Ayer por primera vez en unos cuantos días dejé de tener noticias vuestras, pero me consuelo pensando que en el correo de hoy no faltarán.
Dada la vida tan monótona que aquí seguimos, poco o mejor dicho nada de particular puedo contaros. Ayer he tenido carta del Sr. Cabañas al que escribí yo pidiéndole las señas de su hijo. Estoy procurando enlazarme de nuevo con los antiguos amigos.
De mi asunto no sé ya qué pensar, pues cada día corren nuevos rumores sobre el trámite que siguen los expedientes. Resulta que Duque se enteró ayer de que su expediente aún esta aquí, por lo que supongo que el mío también estará en León, ya que él y yo estábamos en iguales condiciones.
Claro que esto no variará que se me reclame ahí.
Recuerdos a don Ángel y a las hermanas. Recibid un abrazo de vuestro hijo,
Luis.
13 de abril de 1939.Año de la Victoria
Queridos padres:
Ayer por fin vino a verme el Dr. Alonso. Me dijo que había estado con vosotros y que os dejó bien. Me trajo lo que le había pedido menos el agua de colonia, que claro está no me quiso cobrar. Hablamos bastante rato de mi expediente; me confirmó lo que os decía en la tarjeta de ayer y es que está aún en León. Se me ofreció para todo lo que necesitase, por ahora le dije que no quería nada más; lo que únicamente le hubiese pedido son golosinas, chocolate, galletas, membrillo, mantequilla y esto no lo permitirían. Lo que sí haré es de aquí a una semana a dos escribirle para que vea cómo está mi expediente.
De esta conversación saqué la consecuencia que viene a corroborar lo que ya temía y es que lo mejor que se puede hacer es que por medio del Sr. Rivas u otro señor de leyes veáis de llevarme para allá, pues si las cosas se dejan que sigan su trámite, estaré aquí para mucho tiempo aún y la verdad prefiero trasladarme a Madrid.
Lo que cada día veo más en globo y es lo que más me disgusta es la carrera, a este paso y cumpliendo el servicio militar cuando la quiera seguir voy a tener barba blanca.
Perdonarme que todos los días os maree con lo de mi expediente, pero son las ganas de verme a vuestro lado.
Recuerdos a todos y abrazos. En este momento recibo vuestro telegrama del 10.
20 de abril de 1939. Año de la Victoria
Queridos padres:
Nada nuevo que contaros,...Sigo bien y como siempre esperando llegue el tan ansiado día que salga de este "simpático León".
Seguimos con frío, no sé si en agosto hará calor, pero me temo que no.
Ayer he tenido carta de la abuela, por vosotros se enteró de mis señas y me escribió con fecha 11 comunicándome que están todos bien.
A la que espero con ganas es a Pilar para que me diga de vosotros. Desde que vino el Sr. Gutiérrez no he vuelto a tener ninguna otra visita.
Decid a Julia que están aquí conmigo dos ex tenientes de Carabineros que conocen a Luis.
Recuerdos a don Ángel y a las muchachas, vosotros y las hermanas recibid un abrazo de vuestro hijo,
Luis
21 de abril de 1939. Año de la Victoria
Queridos padres:
Recibí vuestras tarjetas del 16 y 17. Los avales que os pedía por ahora no me son necesarios. Cuando los pedí es porque me creía serían de interés para que el trámite fuese más rápido, pero del momento que tenemos que ir a juicio funciona el expediente sin necesidad de avales.
Ayer vino a verme otra vez don Hermógenes acompañado de su mujer, me trajeron algunas golosinas que agradecí mucho, mas desde que ingresé en este Campo, solo había probado féculas y no todas las que hubiese querido. También vino a verme para ver si quería algo el hijo del Delegado de León del INP.
Hoy nos han vuelto a cambiar de salas, ahora estamos en la 5º. En este cambio hemos perdido por todos los conceptos, menos mal que me animo pensando que no durará esto y que pronto dejaré con una alegría como no podéis imaginar este "nunca bien campo".
De salud, por ahora estoy bien, hasta ahora no me había dado cuenta de lo que soy capaz de resistir, que no es poco.
Moralmente me mantengo también bien, hay días de mal humor, pero pasan. Se siente desde luego el no tener nada que hacer, aunque se gasta mucho fósforo y se quema tabaco. Lo que no hago es jugar a nada, ni para eso tengo ánimo. Lo que más me distrae, ¡cosa rara¡ es contestar al correo.
Recuerdos a don Ángel y resto de la familia, recibid un abrazo de vuestro hijo Luis.
23 de abril de 1939. Año de la Victoria
Queridos padres:
Os escribo una vez aclimatado en la nueva sala, ademas que ayer con motivo de que vinieron a verme otra vez la familia Hermógenes estoy mejor de ánimos.
A esta familia le estaré agradecida toda la vida pues gracias a ellos tengo alguna distracción, tomo el sol y me alimento, ya que siempre me traen pasteles de chocolate, plátanos, etc. Y hoy por primera vez en la historia de la sala me han dado con toda legalidad en la sala dos bocadillos con sendos filetes que sabían a gloria. Por lo único que lo siento es por los compañeros de sala que me miran con unos ojos y eso que lo que me dan lo reparto con tres más.
Sigo como siempre esperando la salida para casa o para donde sea pues aquí no sabemos nada seguro de dónde vamos y si tenemos o no juicio.
Recuerdos a don Ángel y hermanas, besos y abrazos de vuestro hijo Luis.
26 de abril. Año de la Victoria
Queridos padres:
Os tengo que dar una noticia poco agradable, más que nada por los momentos en que vivimos difíciles. Tenía 50 pts. que, con lo que me mandasteis vosotros y otras 25 que me habían dejado para que cuando viniese una visita ver de cambiarlas en moneda fraccionada, pues todas ellas que las tenía en mi cartera dentro del maletín me las han quitado. He dado parte, pero tengo pocas esperanzas de que aparezcan. Lo he sentido mucho pues era el dinero que guardaba para cuando saliese de aquí. El hecho ha ocurrido en la misma sala ya que de ella no salimos. Mañana os diré el resultado de las averiguaciones que creo que no resultarán.
Besos y abrazos a todos de Luis.
27 de abril de 1939. Año de la Victoria
Queridos padres:
De la cuestión monetaria de que os hablaba en mi tarjeta de ayer, se resolvió al fin de una manera bastante satisfactoria. Desde luego el dinero no apareció a pesar de haber hecho un registro en toda la sala. Yo para que no llegase a oídos del guardia lo cual traería mayor complicación y disgustos bastante lamentables que no llevarían a nada práctico y por el bien de todos preferí perderlos y entonces la sala hizo uns suscripción y me devolvieron todo el dinero, mejor dicho faltó un poco para igualar a la cantidad que me sustrajeron. Así que no se os ocurra mandarme ni cinco.
En cuanto a los calzoncillos no me enviéis más que a lo sumo dos, no necesito más.
Veo con lástima y no comprendiendo bien los motivos que obligan a que Fina no siga la carrera cuando le quedaba tan poco para acabarla.
Hoy espero que venga don Hermógenes a echar otra parrafada y a tomarme mis acostumbrados pasteles.
Por aquí hemos vuelto a los días de frío que sentimos más porque no podemos hacer el ejercicio que nos haría entrar en calor.
Recuerdos a don Ángel, besos y abrazos para todos de vuestro hijo Luis.
Madrid 27 de abril 1939
Querido hijo :
Tus postales, que felizmente recibimos casi a diario, nos traen la alegría de saber de ti y la tristeza de ver lo mal que ahí te encuentras. Cuando te tengamos con nosotros haremos por compensarte con nuestros cuidados y cariños, de tantas penalidades como estás sufriendo. Algo mitiga nuestra pena saber que buenos amigos te atienden en lo que pueden. Tenemos esperanza de que no tardará en resolverse tu asunto, aunque para ello los días nos parecen demasiado largos. Mi vida es bien monótona: salgo sólo lo indispensable, leo, escribo y atiendo algún que otro enfermo que por aquí viene. Mamá también sale poco y a todas horas está hablando de ti. Don Ángel te manda sus recuerdos. Todos te enviamos abrazos, te quiere mucho tu padre.
30 de abril de 1939. Año de la Victoria
Queridos padres:
Ayer me llegaron un montón de tarjetas vuestras, desde una del 20 a otra del 27 y entre ellas venía una simpatiquísima con el versito de Elenita. También he tenido una carta de Francisca con un mes y medio de retraso.
Ayer al entregarme la ropa limpia, me mandaron con ella dos calzoncillos, un pijama, unos pañuelos y un par de calcetines. Primero pensé, que sería un regalo de la Sra. de Galtón, pero al probarme el pijama he supuesto que es la ropa que me ibais a mandar y que ya llegó. Me ha venido toda ella estupendamente, sobre todo el pijama. Para hacer honor a la ropa me he duchado, si es que se puede llamar duchar a echarse una lata de agua por la cabeza, y me he puesto la ropa limpia quedándome como nuevo. Hoy voy a escribir al Dr. Burón, para que me mande si puede algún reconstituyente que me proporcione vitaminas, pues aunque todavía no lo he necesitado, por si acaso, le daré también a Duque que sí le hace falta.
Esta semana he tenido menos visitas, un día D. Hermógenes y otra la de la Sra. de Galtón.
Recuerdos a don Ángel y abrazos para las hermanas y vosotros recibid besos de vuestro hijo Luis.
Madrid 30 de abril de 1939
Querido hijo:
Cuando me dices en tus cartas que estás deseando salir para comenzar a trabajar y seguir los estudios comprendo bien tu estado de ánimo porque la actividad y la complacencia en el trabajo es la felicidad de las gentes normales. Pese a todo, será necesario del esfuerzo general de todos los españoles para sostener y levantar a nuestro país. Ya llegará el día, ojalá sea pronto, en que puedas recomenzar tus quehaceres. Consérvate entre tanto sereno y sin perder tu natural bondad. Forja proyectos para el porvenir, que seguramente, siendo razonables, se cumplirán. Entre tanto, procura sobreponerte a las molestias y privaciones del momento. Te abraza con todo cariño tu padre.
13 de mayo de 1939.Año de la Victoria
Queridos padres:
Ayer he tenido la alegría de que vinieran a verme D. Hermógenes y su mujer, me entregaron el Halibut y la Nateina, los libros de la Colección Universal y parte del chocolate y un par de calcetines. Quedaron en traerme el próximo día otra medicina y el resto del chocolate. Muchas gracias por todo y comprenderéis la alegría que me causó no tanto por lo bien que me viene como por saber que me lo mandáis vosotros.
Hoy empecé a tomar la nateina que, aunque no sabe muy bien, se compensa con el magnífico chocolate que parece bombón. De los libros empecé por el de Fray Bartolomé de las Casas, ya os diré qué tal me parece.
Estando D. Hermógenes, llegó la Sra. de Gatón que me habló largamente y con gran satisfacción por mi parte de su estancia en Madrid, de cómo estabais y de lo que hacíais.
Por mi estado de salud no preocuparos, con los reconstituyentes que me dio el Dr. Burón, con lo que me habéis mandado vosotros y con los cuidados que me dispensan los buenos amigos que vienen a verme me encuentro estupendamente y me parece que hasta engordando.
Como el aval que me mandó el Sr. Quirós se extravió y para garantizar más mi personalidad y unir a mi expediente a ver si algún amigo, Veguita por ejemplo, me mandan uno, debidamente visado y refrendado por las FET y las JONS, en el que además de garantizar mi personalidad, diga cómo ingresé en Carabineros para crear la Escuela de Artillería, el fracaso y mi paso a la del Ejército y mi estancia en Barcelona.
Con los libros recibí una tarjeta de Gavilanes, darle las gracias y mandarme sus señas para que pueda escribirle. A mamá que esté tranquila, escribiré a diario. Recuerdos a todos, besos y abrazos,
Luis.
Madrid 14 de mayo 1939
Querido hijo:
Hemos recibido tu postal del día 12 en la que nos pides que hagamos que te reclamemos aquí. Ya estamos andando los pasos para ello. De todos modos habrán de pasar estos días en que aquí hayan de hacer las fiestas.
Ayer nos han traído tu gabardina. Por ser una prenda que tu has llevado, la miramos con emoción. Mami te la va a arreglar y a dejar bien limpia para cuando vengas. Tus hermanas te están aumentando tu colección de botellitas de licor de las que hacen muestras para cuando puedas estar con nosotros.
De aquí nada especial te puedo contar. La consulta se va animando algo con personas que vienen de fuera de Madrid.
Ánimos Luisillo que espero que tus molestias no serán demasiado duraderas. Recibe un abrazo muy fuerte de tu padre,
Luis
15 de mayo de 1939. Año de la Victoria
Queridos padres:
Cuánto siento no poder pasar el día de hoy junto a vosotros. Día de san Isidro, el patrón de nuestro querido Madrid.
Cuánta animación debe de haber hoy por las calles, caras forasteras venidas de todos los sitios de España, para admirar el magnífico desfile y de paso ver la capital de España que tan estoicamente sufrió el hambre y la ruina de los tres últimos años.
La de rosquillas tontas y huesos de santo que venderán en casa del abuelo. Ayer tuve noticias del tío Julio, y una tarjeta muy simpática de Santullano en la que me dicen que Manolo marcha con su tío.
Hoy espero la visita de D. Hermógenes. Muchos recuerdos a D. Ángel y hermanas y recibid vosotros abrazos de vuestro hijo,
Luis.
León 16 de mayo de 1939
Queridos padres:
En este momento me avisan para que me prepare para marchar de expedición por lo que presumo iré para casa ya que salgo con otros de Madrid. En cuanto pueda os daré mi nuevo domicilio. Comprenderéis la alegría que tengo en este momento.
No me he podido despedir de ninguno de los amigos de palabra pero lo hago por carta. Lo que tenéis que tratar cuando llegue es obtener mi libreta provisional.
Besos a todos,
Luis.
Pero como el mismo Luis Calandre Díaz de la Cebosa escribe en su primera carta desde la prisión de Ávila: "Contrariamente a lo que suponía al salir de León, me trajeron a Ávila, a la prisión del Seminario".
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